The Great Southern Country Ride
Fotografía: Karter Machen
Lachlan eleva la resistencia a una nueva dimensión, estableciendo un récord de 14,210 km a través de Australia.
El asfalto se extendía como un susurro sobre el vasto y salvaje lienzo de Australia. Durante 30 días, 9 horas y 59 minutos, Lachlan Morton pedaleó a través del tranquilo gran pedazo de tierra al que llama hogar. Fue un trayecto que abarcó 14,210 kilómetros pero se vivió como si fuera infinitamente más grande, tanto dentro como fuera de él. Cada amanecer marcaba un nuevo comienzo, cada kilómetro un paso más en el contador de la resistencia, y cada giro del pedal, una pequeña porción de una gran historia. Una historia que nunca trató de ser otro récord de ciclismo conocido, como FKT (Fastest Known Time, el tiempo más rápido conocido). Fue The Great Southern Country Adventure, y quedó grabado no sólo en el libro de los récords, también en el alma de Lachlan.
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Para este viaje, Lachlan iba sobre una bicicleta algo diferente, innovadora. Una bicicleta salida directamente del LAB. Gran parte del recorrido se realizó en una bicicleta que difuminaba las líneas entre resistencia y precisión, diseñada para llevar a Lachlan a través de implacables terrenos, incesantes vientos en contra y carreteras abrasadas por el sol. Durante el trayecto, cambió brevemente a su inseparable SuperSix EVO, una bicicleta que lo había acompañado en innumerables desafíos. Pero poco después volvió a la original, atraído por la sensación y el perfecto acoplamiento a la bicicleta que había estado utilizando en las carreteras de Great Country.
Lachlan partió de su ciudad natal, Port Macquarie, bajo la suave luz de una mañana de septiembre. Cuando sus ruedas acariciaron el asfalto, supo que no se iba a tratar solo de romper récords. Australia tenía una forma de hablarle—los espacios abiertos, los vientos implacables, la feroz belleza de una tierra que no ofrece misericordia pero sí una gracia profunda y humilde. Este viaje desafiaría su cuerpo, sí, pero aún más, pondría a prueba su espíritu. "Los amaneceres en el norte son algo que llevaré conmigo por mucho tiempo", reflexionó Lachlan, el recuerdo de esas tranquilas madrugadas concentrado al máximo en mi objetivo.
Pedaleó hacia la inmensidad del interior del país, a un ritmo inquebrantable: 450 kilómetros al día, durante 30 días seguidos. A menudo comenzaba en plena noche buscando escapar del castigador calor de la tarde, con las estrellas aún brillando sobre él mientras se adentraba la oscuridad. A través de todo—las noches más profundas, el sol abrasador, la lluvia torrencial y los vientos que rugían a través del desierto. Como algo sacado de un sueño. "Esos días largos y con viento en contra eran lo que más temía," admitió Lachlan. "Dieciséis, diecisiete horas pedaleando directamente contra él, sabiendo que nada iba a cambiar. Pero sigues avanzando poco a poco."
La carretera no solo desafiaba su determinación, sino que recalibró su perspectiva. Hubo momentos en los que la soledad lo presionaba, cuando los interminables tramos de asfalto parecían desdibujarse en el horizonte. La soledad ardía tan intensamente como el calor, arrastrando la mente de Lachlan hacia el vacío. "Pierdes la noción del tiempo, de la distancia," dijo. "Y todo lo que te queda es el instante en el que estás." Fue en esos grandes espacios detenidos en el tiempo, donde la tierra parecía extenderse para siempre y el silencio lo envolvía, donde Lachlan encontró su verdadero ritmo.
Y luego estaban los momentos de serenidad inesperada, aunque fugaz. Un canguro con el que casi colisiona en la primera semana. Las urracas que se lanzaban sobre él, protegiendo su pequeña porción de cielo. Y sin embargo, incluso en los momentos más duros, la carretera le regaló a Lachlan pequeños momentos de belleza que le recordaban por qué estaba allí.
No estaba solo, no del todo. Su equipo—su esposa Rachel, su hermano Angus, el mecánico Tom Hopper y un puñado de buenos amigos—lo siguió a lo largo del continente, listos con comida, ropa limpia y muchas palabras de ánimo. "Soy el primero en admitir que sin Tom, estaría en serios problemas," dijo Lachlan, sonriendo. Este viaje podía haber sido sólo suyo, pero fue el esfuerzo de todos lo que lo llevó a buen término. "Hemos vivido tantas aventuras juntos," dijo Lachlan sobre su equipo, "y cada una nos acerca más. Ellos me entienden de maneras que pocos lo hacen."
Y luego, después de más de un mes en la carretera, Lachlan regresó a Port Macquarie. No fue solo cruzar la meta—fue regresar a casa. Pasó por la casa donde creció, con el corazón lleno de recuerdos. "Me despertó tantas emociones," reflexionó, recordando las carreteras que una vez fueron su campo de entrenamiento, ahora transformadas por el peso de este increíble viaje. "Ver a mis amigos de toda la vida, y caras nuevas que habían seguido mi viaje, fue algo que nunca olvidaré."
Treinta días, 9 horas y 59 minutos. Catorce mil doscientos kilómetros. Un promedio de 450 kilómetros al día, con hasta 18 horas sobre el sillín cada día. Pero para Lachlan, The Great Southern Country Adventure no fue solo otra idea salvaje con la intención de romper otro récord. Se trató de un viaje hacia el corazón de una tierra tan feroz como hermosa. De las lecciones que te enseña la carretera, de los pensamientos que nacen en los momentos más oscuros. De seguir adelante cuando cada músculo quiere rendirse, y de la belleza de adentrarse en lo desconocido—donde la determinación da paso a la renovación.
Ahora, Lachlan está en casa, y la grandeza de lo que ha logrado apenas comienza a asimilarse. Pero a medida que el polvo se asienta, emerge un relato vívido. Un viaje de corazón, de conexión y de las silenciosas y poderosas lecciones que la carretera ofrece a quienes están dispuestos a escuchar.