«Intenté salir en bicicleta con más gente, pero es algo diferente. Se convierte en algo social. Terminas sacrificando lo que quieres hacer por el grupo» Eric Brunt es un outsider, en estilo, actitud y en lo que normalmente se entiende por el placer humano. «Lo que encontré fue que no conseguiría esos grandes retos. Y no alcancé esa sensación que estaba buscando. Es demasiado trabajo. ¿Dónde nos reunimos? Oh, no podemos hacer eso. No quiero hacerlo. Me pone enfermo; no voy a intentarlo de nuevo».

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Los lemas de Brunt son simples y directos: «Planea una ruta y hazla». «Come pronto, come con frecuencia». «Lleva pocas cosas, congélate por la noche». Y hay algo por encima de todo, es lo siguiente: «Haz las cosas donde no sepas si es posible».

Esta visión del mundo comenzó durante la juventud de Brunt en Omaha, Nebraska, un lugar que, especialmente en la oscuridad del invierno, inspira una idea estoica sobre cómo disfrutar la vida. En su adolescencia, Brunt vendió su coche y vivió nueve años sin tener otro. «Fue un trampolín para muchas otras cosas», comentó. «No había otra opción. Me gusta, me refiero a vivir con la bicicleta».

En la universidad, repartía sándwiches de Jimmy John en bicicleta. La primera semana, le atropelló un coche y se rompió un brazo. Su segunda semana, volvió a subirse a la bicicleta para repartir sándwiches con un brazo en cabestrillo. En su trabajo, cumplía con las promesas de reparto «Increíblemente rápido» de la cadena. «Podía hacer entre 120 y 160 km en un turno de trabajo», afirmó. «Siempre esprintando».

También participó en competiciones de bicicleta de montaña de 12 y 24 horas y carreras sobre grava, como los 331 km de la Dirty Kanza y los 531 km de la Trans Iowa. Se impuso en el Single Speed Men's Gravel World Championship en 2011 y subió a lo más alto del podio en la Trans Iowa en 2012. Ahora vive y trabaja en Los Angeles, California, y tiene un coche (que utiliza dos o tres veces al mes «para ir de acampada o viajar con la bicicleta»), pero el ciclismo endurance, y el sacrificio que ello supone, es donde se siente feliz.

«En muchas ocasiones te sientes desolado, pero de eso se trata el endurance y el ciclismo como tal. Tienes que sacar partido al factor ‘sentirse desolado’ y sentirte cómodo de ese modo». Cuando hablamos, acababa de realizar una salida de 290 km con un desnivel de casi 4900 metros (más de la mitad del ascenso al Everest). Había pedaleado para reunirse de acampada con su mujer en Joshua Tree; la ruta era una sesión de preparación. Pero, principalmente, un viaje de placer. Y porque había que hacerlo.

«Seis horas para un recorrido de diez, y te hace sentir realmente bien. Es como poner el mundo a tus pies. La carretera se abre; todo se hace más fácil. Te sientes cómodo, pedaleas con fuerza y lo disfrutas. Me encanta esa sensación», afirmó. «Tienes que estar un poco loco, asumir un poco de riesgo. Pero, tienes que hacerlo. Nunca vas a mejorar, ni vas a crecer, si permaneces parado».

Brunt viaja ligero de equipaje, con lo mínimo, y planifica sus paradas en tiendas y gasolineras para hacerse con lo necesario. («Últimamente, me gusta desayunar los sándwiches que venden en las estaciones de servicio».) Aparte de eso, se dedica exclusivamente a pedalear. Pedalea 2, 5, 10, 15 horas. Hace 80, 160, 240, 320 kilómetros. No pedalea para destacar en las redes sociales o por segmentos Strava, sino para alcanzar la liberación mental y la euforia física. «Es una sensación de libertad única que no se puede alcanzar de otra manera», afirma.

Cuando se acerca el final de nuestra conversación, plantea una cuestión retórica: «¿Qué queda después del sufrimiento?» Es el trabajo de su vida encontrar esa respuesta. Con 33 años de edad, sigue enfrascado en realizar estudios de casos para su disertación ciclista. En el Angeles National Forest o en los pastizales de Nebraska, Kansas y Iowa, continúa su investigación sobre dos ruedas.

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